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martes, octubre 26, 2010

Raúl Rivero: Palabras en reposo


Palabras en reposo

Raúl Rivero


Alí Chumacero arma sus poemas como los niños descubren los mensajes de los rompecabezas. Pieza a pieza, palabra a palabra, con cuidado para que la rama de un árbol no se salga por una esquina y que los leves ríos de los paisajes rurales no vayan a pasar sobre el columpio del patio y por encima de las nubes redondas, vírgenes y blancas.

Es un señor de la síntesis y el buril. La emoción de su poesía tiene un orden (y una locura), un cauce (y un delirio), que el poeta ha dispuesto con firmeza infantil para que el lector no pierda ni un detalle del sentimiento. Para que no le sobre un chispazo a las piezas que el poeta no quiere que deslumbren.Quiere que iluminen.

En eso ha pasado 90 años. Nació en Acaponeta, Nayarid, en 1918.El verano pasado, México entero celebró su cumpleaños, él se dejó querer, los quiso más a todos, pero salió ileso de las celebraciones y siguió en la vejez lúcida y creativa de quien viene de regreso de estos oficios: editor, tipógrafo y maestro.

Chumacero vive desde los años 30 en Ciudad de México donde fundó, junto a otros escritores, la revista Tierra Nueva. Es uno de los editores históricos del Fondo de Cultura Económica y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1964.

Entre sus hazañas de medio siglo de editor de grandes figuras de la literatura mexicana, se recuerda su episodio con Juan Rulfo, citado hace unos meses en esta columna. Según Chumacero, el autor de El llano en llamas no le aceptó la proposición de cambiar dos palabras; transigió con una sola. «Lo que sí le quité», dijo Chumacero, «fueron las comas que Rulfo ponía como si le estuviera echando maíz a las gallinas, además de algunos guiones de diálogos que no estaban en su lugar.»

Los tres libros de poesía que le han dado a Chumacero una papeleta para salvarse del olvido son estos: Páramos de sueños, Imágenes desterradas y Palabras en reposo. Ha publicado también una colección de ensayos titulada Los momentos críticos.

Entre los buenos lectores de poesía se comenta que sus poemas parecen siempre recién terminados. Por eso, Eduardo Lizalde se atreve a decir esto: «Alí Chumacero continúa con todo derecho y dignidad leyendo en todas sus comparecencias los perfectos poemas de la juventud como si fueran escritos ayer para convencernos de que el vivíparo que hoy celebramos nació de un golpe como un gran poeta y se encuentra de pie frente a nosotros para seguirnos asombrando con la exactitud y la música originalísima de sus versos».

El poeta cree que él es sólo un obrero que ha trabajado en los libros y ha sabido hacerlo. Que ha vivido tres minutos cada minuto sin dejar gozar la vida: «Yo sólo he practicado el afán de hermanar el sentimiento y el rigor a fin de mantener inalterable una vocación originada desde la adolescencia, fortalecida durante la madurez y siempre guiada a convertir en insólito lo cotidiano».

Su viejo amigo, el poeta argentino Juan Gelman, le deseó a Alí Chumacero en su 90 cumpleaños que muriera a los 500. Y, como es el sueño de muchos habitantes de aquellas tierras, con violencia y a manos de un implacable marido celoso.

Estos son sus versos: Porque soy mi enemigo sentenciado/ mi propia víctima, la orilla/ saciada entre sus límites, en un constante incesto/ o presagio de mar que requiere playa.


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