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miércoles, enero 17, 2007

Jaime G. Velázquez: un muerto viviente


El Gobierno Federal: un muerto viviente
Jaime G. Velázquez


La opinión de intelectuales del DF sobre el presente horrible de México, que se une a las voces de alarma que venimos oyendo desde hace años, cuando se hizo inocultable el deterioro de la mayor parte de la población, es algo que debe quitarle con razón el sueño a mucha gente. Es horrible un país sin sueños; peor, un país de insomnes.


Publicado el sábado 13 con el título “Alto a la tentación dictatorial” (La Jornada) estos intelectuales clavaron una estaca en el muerto viviente que es el gobierno federal, pero como buenos consumidores de cine de EU sabemos que esas palabras no detendrán a quienes están estrenando orgullosos un poder muy bien pagado por seis años. (Sobre esto, consultar los ingresos bien y mal habidos del Secretario de Hacienda de Fox.)


El texto “Alto a la tentación dictatorial” será estudiado dentro de muchos años como los documentos que Silva Herzog agregó a su historia de la Revolución. El texto concentra una enorme cantidad de información que de pronto, traducido y leído en otros idiomas, no sería entendido en toda su dimensión. Y no es ocioso preguntarnos si aquí mismo es entendido a cabalidad, cuando mucha gente dirá que no conoce el texto.


Para quienes hemos pasado veinte, treinta años o más confiando en que haya una salida y que ésta sea descubierta por los competidores de siempre, los políticos, lo leímos con gusto y al mismo tiempo lo dotamos de todo aquello que el texto evoca y quizás más aún.


Ese “dotar” es lo que todo lector y toda lectura hace siempre. De allí el peligro que representa para los “dictadores” el ejercicio de la inteligencia.
Digámoslo de la siguiente manera. Los políticos aprenden a vaciar su pensamiento en formas que tratan de evitar toda “mala” interpretación. Por ello el señor Fox debe mucho de su fracaso a una ignorancia simple, incapaz de reconocer, de cómo ser un político correcto en el momento de hablar, que en México representa el 80 por ciento del trabajo de los políticos (otro diez sería saber posar para fotos y diez más fingir que se escucha a los demás).


Los intelectuales, casi siempre profesionales con altas calificaciones académicas, siguen normas muy precisas, las mismas que utilizan en sus investigaciones y en la publicación de sus estudios, muy especializados, que calan a profundidad en sus temas y sólo refutables por sus pares.
Luego seguimos todos los demás, a quienes he tratado de englobar con la palabra lectores. Somos quienes leemos declaraciones políticas y también refutaciones incontestables; elaboradas, las primeras, con todo tipo de propósitos, y, las segundas, con una meta principal: el conocimiento, puesto que no se dice o se escribe algo para ganar algo, una discusión, por ejemplo, sino para puntualizar la validez de nuestras ideas del mundo, para saber si son justas, viables, honestas, etc.


Hacer cierta carretera en Guanajuato requiere de un apoyo político que justifica el trazado, el gasto, la decisión al respecto. Si se puede comprar un estudio profesional, la evaluación final será sin duda independiente, labor de los demás, testigos y contribuyentes, historiadores, científicos sociales, periodistas, intelectuales, lectores.
Las opiniones externadas por hombres de iglesia son difíciles de insertar en este mundo porque no parecen provenir de políticos sino de un más allá divino. Pero esa impresión primera cede cuando los demás la colocamos en su sitio, en la política que hacen los hombres de iglesia en esta zona del mundo, que no parece muy divino que digamos.


En todo este entramado, lo que parece estar ausente es la opinión de lo que algunos llaman “mayoría silenciosa”, a la que, de vez en cuando, se le invita a expresarse mediante el voto. Como entre ellos hay muchos no-lectores, se recurre a imágenes impactantes que “se leen” de una forma singular, como golpes en la conciencia: el “alguien dijo”.


Por lo pronto, para no quedarse fuera de la valiosísima actividad humana de opinar, valdría la pena leer y solidarizarse con los intelectuales que muy certeramente han dado la voz de alarma contra lo que estamos viviendo, la “tentación dictatorial” de quienes están ajustando y desajustando precios que otro equipo de trabajo, ¡del mismo partido!, mantenía con orgullo. Alguno de los dos gobiernos de muertos vivientes, el anterior o el actual, debe estar equivocado, ¿no cree usted? Decidir cuál es algo que nos ayudará a encontrar la respuesta correcta: uno estuvo y otro está equivocado. Entonces, para qué seguir perdiendo el tiempo de pie frente a puertas que de ninguna manera conducen hacia la salida que busca México.

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